FÁBULAS DE SANGRE Y ROJO

BERNARDETTE DESPUJOLS

2018

 
 
 
 

El arte como compromiso frente al “gran teatro del mundo”

(…) la escritura normadora forma individuos vigilantes y vigilados. La mirada del juez, del maestro, padre y médicos se disemina en múltiples otras miradas que controlan continuamente la más leve transgresión de los límites públicos, privados e íntimos. Por ello se cuidarán las formas, las apariencias, la contención de las emociones, el contacto de los cuerpos, las retóricas del buen decir, porque el ojo del otro recuerda permanentemente fronteras que sólo son imaginarias.

Beatriz González Stephan

En su ensayo “Economías fundacionales. Diseño del cuerpo ciudadano”, Beatriz González Stephan explica que las nuevas estrategias civilizatorias de los entes hegemónicos contemporáneos, están relacionadas con toda una gramática formativa e instructiva elaborada con la finalidad de establecer la norma y obtener el control sobre los destinos y el movimiento de las vidas de los ciudadanos. Al respecto apunta que el ejercicio del poder en las sociedades actuales se logra a través de la proliferación de una serie de instituciones (talleres, escuelas correccionales, hospicios, manicomios, cárceles) y de prácticas discursivas como constituciones, registros, censos, mapas, gramáticas, diccionarios, manuales de urbanidad y tratados de higiene; un conjunto de “tecnologías especializadas” e instituciones del orden público que coercionan, controlan, sujetan y regulan con docilidad el movimiento de los cuerpos para hacer de ellos subjetividades domesticadas, neutralizando al mismo tiempo el peligro significativo de los agentes descentrados. 

La obra de la artista venezolana Bernardette Despujols es un campo dinámico de re-significación que se inserta dentro de estas consideraciones. Arquitecto y artista de amplia trayectoria, las investigaciones de esta creadora han estado profundamente enraizadas con la revisión constante de los campos de valoración del sujeto contemporáneo en sus relaciones con las legitimaciones del otro: referencias, estereotipos, deseos, cuerpos, historias, modas y mitos que respiran y subsisten en un mundo tan mediáticamente integrado como absolutamente polarizado. Para Despujols forman una matriz central de deliberación todas aquellas variables que parecen estallar livianamente a través de la desestabilización constante que insertan las formas comerciales de aproximación del mundo global. Con un expresionismo casi onírico la artista excava en este espectro efímero y volátil, esfera sombría donde lo público y lo privado exoneran sus responsabilidades frente al surgimiento de paradójicas diferenciaciones que estimulan ese quórums en apariencia anónimo que ahora decide entre el bien y el mal, la vida y la muerte, lo bello y lo feo, lo exitoso y lo deplorable, lo permitido y lo ilegal. 

Para ahondar en este núcleo de inestabilidades la obra de Despujols se arroja con desenfado sobre la pesquisa y mixtura de múltiples códigos. En el aspecto formal, recurre a técnicas y materiales diversos con los cuales configura propuestas visuales de una gran fuerza escénica: pequeños dibujos que conviven junto a poemas impresos, pinturas de gran formato que desbordan en rasgos narrativos, notables instalaciones e inusitadas esculturas que perforan el espacio con sus indescriptibles volúmenes. En todas estas escenas formales la obra irrumpe como una ambientación sobre los símbolos tradicionales de la cultura y altera los rasgos ancestrales de la memoria para devenir hacia los linderos de una figurada irracionalidad. A través del enlace de elementos dispersos o absurdos, abre la posibilidad infinita de un choque poético, una construcción que alejada de la representación lineal de la realidad se detiene y se toma el tiempo de esculpir sus zonas ocultas y revelarse en un impronunciable caudal, despertando en el espectador las resonancias de un trasfondo significativo —a un tiempo develado y oculto— que anima la vitalidad de nuestros temores, deseos y miedos más antiguos. En este paso, la creadora asume el riesgo y también se apuesta como individuo crítico ante el entorno que nos rodea. En un intento por analizar la compleja existencia del sujeto social a través de la imagen y la palabra, revela y resguarda la proliferación de nuestros sentidos y la reinversión de los nuevos protocolos logocéntricos que hacen vida en este ambiguo escenario de la iconográfica turba contemporánea. 

El término logocéntrico en el estudio de González, escrito a mediados de la década de los noventa, remite a un mecanismo centralista regido por el logos —gramático e institucional— del campo hegemónico que controla el devenir de la sociedad, el cual refracta y extiende su poder hacia los órdenes periféricos, marginando y excluyendo a los grupos e individuos que disienten física, estructural o psíquicamente del logos dictado por el orden establecido. 

Casi veinte años después nos encontramos en un entorno donde ese “gran teatro del mundo” al que hace referencia la investigadora, ha extendido sus líneas de ejercicio y legitimación no sólo a través de textos y texturas estatales dominantes que imparten, estructuran, rigen, controlan, reparten y organizan entre sí campos de identidad nacional, territorialidades públicas, zonas privadas o canales de comunicación, sino también mediante las prolíficas y dramáticas visualidades que empantanan hoy la inabarcable sociedad global del espectáculo. ¿Quiénes somos en este abismo sin norte, en esta irradiación de sentidos, en esta verdades y ficciones asentadas por los likes de una sombría mayoría? 

En cada una de las piezas de Bernardette Despujols parecen levantarse constantemente muchas de estas inquietudes. Su obra es un compromiso que ha firmado con la vida y el arte de su tiempo, un contrato vital que en su profundidad también abarca la responsabilidad asumida frente a la mirada del espectador.

Lorena González Inneco